lunes, 23 de octubre de 2006

El viaje (¿tetris en el avión?)

"No es posible viajar más rápido que la velocidad de la luz,
y de ninguna manera es deseable
porque a uno se le vuela el sombrero constantemente."
Woody Allen

El viaje comienza el 12 de Octubre en Toledo. Los tres integrantes de la expedición parten en coche dirección Madrid. El día está despejado, el Sol luce en el cielo y hace calorcito. De camino al aeropuerto la radio va comentando los trajes de las Infantas y ministras en el desfile de las FF.AA. Se habla de la candidatura socialista en Madrid y se señala qué personalidades hablaron con qué otras personalidades.

La llegada al aeropuerto sin problemas, el conductor ya tenía práctica bastante reciente tras recoger y dejar a cierto visitante de tierras papanoelescas. Procedemos a descargar el coche de todos los bultos y nos encaminamos al mostrador de facturación, delante del cual hay bastante cola. Una vez facturado el equipaje, salimos para la puerta de embarque. Según la chica que nos atendió, ésta se encontraba "un poco apartada". Coño, como que estaba en la Terminal 4 Satélite.

Muchas escaleras más tarde, con tren subterráneo incluído, llegamos a la puerta de embarque y nos sentamos a esperar que ésta se abra para poder acceder al avión. Mientras tanto, el autor intenta infructuosamente obtener una conexión mediante la moderna y presumiblemente cara flamante instalación Wi-Fi del aeropuerto. Tras consultar a otro viajero con portátil, éste confirma que tampoco es capaz de conectar. ¿Algún mostrador de información cerca? ¿Alguna señorita vestida de verde pistacho? No señor, antes de facturar estaba plagado de ellas, pero han desaparecido. Creo recordar que había un puesto de información al principio de la sala de embarque, pero tras reflexionar unos segundos, pensé que no me compensaba patearme los 200 metros de ida y 200 de vuelta para que me dijeran que no sabían cómo iba.

Detalle de la longitud de la terminal.

El acceso comienza a admitir pasajeros, los cuales van siendo llamados por orden, empezando por los de las filas de más atrás. Qué cosas. Delante tenemos una familia entera de coreanos hablando en su idioma, al parecer un poco con la mosca detrás de la oreja sobre si estaban en el sitio correcto.

Una vez dentro del avión aprecio que es el más grande de todos en cuantos he montado durante mis viajes por Europa. Un Boeing 340, si no recuerdo mal. Muy bien equipado, por cierto, con un sistema de entretenimiento a bordo en el que se pueden ver pelis bastante recientes, escuchar discos, la radio, ver por donde y como va el avión, ¡y hasta jugar al tetris! (y al millonario, jeje). Tras mucho toquetear y experimentar, el expedicionario benjamín se las arregla para atascar el mando de uso en su lugar de forma que es imposible sacarlo. Por suerte la pantalla era táctil y se podía manejar ^^;

El viaje muy tranquilo, apenas unas pequeñas turbulencias durante la comida, nada del otro mundo (ni las turbulencias ni la comida, que consistía en un rollito de jamón york y algo más y que estaba helado; nada que ver con lo que servidor ha comido volando con Lufthansa). Misae se pone una peli de Robin Williams y se ríe a carcajada limpia, también juega al tetris, sin mucha fortuna a pesar de activar el modo extra-fácil. La edad no perdona.

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