martes, 24 de octubre de 2006

La llegada (¿cuánto falta?)

"Para conocer el camino que tienes por delante,
pregunta a los que vienen de vuelta."
Proverbio chino

El aterrizaje es muy suave, cachis. Yo que contaba con rebotes como los de mi última visita por estas tierras. Tras pasar otro (el 4º desde que facturamos) control policial y de documentación, accedemos a la zona de recogida de equipajes. Ya estamos en Alemania, así que mis dos acompañantes están prácticamente sordos y ciegos ante cualquier estímulo lingüístico no pictórico. Tras recuperar las maletas, (sigue mi racha de 0 retrasos y 0 pérdidas; es de suponer que me pasará cuando Murphy pueda actuar en todo su esplendor) buscamos el mostrador de Hertz y procedo a entenderme con el chico que está detrás del mismo. Muy majo él; normal, claro, con una placa en la que pone "Trainee" en vez de su nombre es normal que tenga que hacer su trabajo al 110% por lo menos.

Con todo el papeleo arreglado (al parecer no tenían coches de la categoría que pedimos, pero cómo reservé con tiempo nos dan uno de la inmediatamente superior sin recargo) descendemos al garaje para instalarnos en un flamante Opel Meriva muy currete. Misae me pasa el itinerario que sacó (mal) de Víamichelín y nos internamos en carreteras alemanas. La llegada a Germersheim no supone ningún problema gracias a lo sencillo del itinerario y a la buena señalización de las carreteras. (Por cierto, que en un desvío marcaba para ir hacia Heppenheim, el caso es que el nombre me suena pero no acabo de caer...).

Llegamos a Germersheim.

El problema viene para localizar nuestros destinos en el pueblo (casa de huéspedes para los mayores, residencia para el nene). El guía no había previsto impresión del mapa de la localidad y, si bien conservaba en su memoria la disposición de las calles en torno a la facultad y el cómo llegar a los destinos desde la misma, no tenía forma de saber en qué punto cardinal se encontraba. Tampoco ayudaba la oscuridad de la noche ni la poca iluminación de las calles. Esto último supongo que es debido a que como no salen de noche, pues para qué van a gastarse los duros en iluminar las calles como hacemos en España. Para que el amable lector se haga una idea, hay zonas del parque de las Tres Culturas en Toledo que están más iluminadas por la noche de lo que lo está la mayoría de las calles aquí.

Pero estoy divagando...

Tras unas cuantas vueltas y un par de consultas sin resultado a dos estudiantes de intercambio (claro, los alemanes a esa hora están en casa), uno de los cuales ni siquiera hablaba alemán, volvemos a parar el coche y preguntamos (nótese el plural de humildad) a un grupo de chicos. Éstos nos indican por fin la localización de la calle donde se encuentra la casa de huéspedes.

(Al día siguiente, con luz diurna y dando una vuelta por calles compruebo lo siguiente:

- La segunda calle que había a mano derecha según nosotros habíamos entrado al pueblo era la de mi residencia.

- Desde el primer momento estábamos a dos pasos de la casa de huéspedes.

- A los alemanes les gustan más las calles de sentido único que a un tonto un chupa-chups.

- Germersheim no está pensado para poder encontrar las cosas en coche.)

Tras entrar a la casa de huéspedes, la chica que nos recibe nos muestra las instalaciones mientras el guía va traduciendo. Mientras los mayores se instalan, pregunto a la chica dónde puedo encontrar unas cabinas (si estás pensando que estaban al lado de la calle y que ya habíamos pasado por ellas, premio) y me encamino a ellas para contactar con mi casero. Unas cuantas monedas más tarde (las cabinas de aquí tragan más que las de España; al parecer hay que sacarse la tarjeta de rigor para que te salga medio bien llamar) me entero de donde está la residencia (no quiero risas, a dos pasos de la calle de la casa de huéspedes) y de que ya me recibirá alguno de mis compañeros de piso para indicarme las cosas pertinentes. Que ya me las apañe yo, vaya.

Encamino mis pasos a la casa de huéspedes y cogemos el coche para llevar mi equipaje a la residencia. La encontramos enseguida, descargamos y vamos hasta la puerta. Allí descubro que hay una lista con los números de habitación y los nombres de los respectivos inquilinos. Hmm, nombres seguidos de dos apellidos...eso sólo puede ser español. Pruebo a usar el telefonillo para llamar a la española que vive en mi mismo piso y recibo contestación, parece que la cosa mejora... (también es potra, sólo hay un español por piso excepto en el mío que somos dos; además la mayor parte de residentes no empezó a llegar hasta la semana siguiente a mi llegada) Así pues, todo lo pasado para encontrar las dichosas calles se compensa con que justamente la única española que está en mi piso también sea una de las pocas que ya ha llegado a la residencia, esté allí cuando yo llego y además ya haya vivido un año allí.

Así pues, Desi, que así se llama la chica, nos abre, me enseña mi habitación y me explica un poco por encima donde están las cosas. Mis padres y yo procedemos a deshacer las maletas y a colocar la ropa. Mi madre pregunta unas cuantas cosas a Desi, principalmente relacionadas con productos de limpieza y similares y cuando está satisfecha, ambos se van y me quedo en la habitación. Tengo la suerte de que en la habitación de Desi están cenando y soy invitado a unirme, lo cual hago con gusto ya a lo largo del día sólo había desayunado y comido el simulacro de comida del avión.

Durante la cena pregunto varias cosas sobre la uni, la residencia, el papeleo (dichoso papeleo), etc. Nos quedamos un buen rato charlando y al final decido irme a dormir, pues al día siguiente había quedado temprano con mis padres para enfrentarme a:

[bajan las luces, música tétrica de órgano]

¡La burocracia alemana!

[ruido de truenos y resplandor de relámpagos]

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